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IQOS o vapeo: en qué se diferencian de verdad

Uno calienta tabaco y el otro calienta líquido, y eso cambia lo que respiras. Comparativa honesta de aerosol, nicotina, coste y dependencia.

Publicado Actualizado Puff Counter Team 5 min de lectura

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Respuesta rápida

IQOS calienta tabaco real hasta unos 350 grados; un vapeador calienta un líquido con nicotina, propilenglicol, glicerina y aromas. Por eso el aerosol de IQOS contiene compuestos propios de la hoja de tabaco y el del vapeo contiene productos de degradación del líquido. En dependencia no hay diferencia: los dos entregan nicotina con un pico rápido.

Los ponen en el mismo estante, cuestan parecido y los dos prometen lo mismo: la nicotina sin el humo. Pero por dentro son aparatos que hacen cosas distintas, y las diferencias importan si estás decidiendo cuál usar o, mejor, cómo salir de los dos.

La distinción de partida es sencilla: IQOS calienta tabaco y un vapeador calienta líquido. Todo lo demás se deriva de ahí.

¿Qué hay dentro de cada uno?

IQOS usa un stick corto de tabaco procesado y prensado, con glicerina añadida y aromas, envuelto en papel y con filtro. El dispositivo lo calienta hasta unos 350 grados, por debajo del punto en que el tabaco arde. Del stick sale un aerosol con nicotina, glicerina, agua y compuestos que solo pueden venir de la hoja de tabaco.

Un vapeador no tiene tabaco en ninguna parte. Lleva un líquido con nicotina disuelta en propilenglicol y glicerina vegetal, más aromatizantes alimentarios. Una resistencia lo calienta y lo convierte en aerosol.

Esa diferencia de materia prima explica casi todo lo demás.

¿Qué respiras en cada caso?

Los dos generan un aerosol, no vapor de agua, y en los dos hay nicotina. A partir de ahí divergen.

En el aerosol de IQOS aparecen nitrosaminas específicas del tabaco, que están en la hoja y por tanto no pueden evitarse, aunque en cantidades menores que en el humo. También aparecen carbonilos y compuestos orgánicos volátiles, en general por debajo de los niveles del cigarrillo. El monóxido de carbono es muy bajo, porque casi todo el monóxido de carbono viene de la combustión.

En el aerosol del vapeo no hay nitrosaminas del tabaco en cantidades relevantes, pero sí productos de degradación térmica del propilenglicol y la glicerina, como formaldehído y acroleína, que aumentan mucho si el aparato calienta demasiado o la resistencia está seca. Además hay aromatizantes que son seguros al comerlos y sobre los que no existen datos de seguridad al inhalarlos repetidamente durante años.

Ninguna de las dos listas es aire limpio. Y ninguna de las dos tiene todavía estudios de seguimiento de décadas.

Comparativa punto por punto

IQOSVapeador
Qué calientaTabaco prensadoLíquido con nicotina
TemperaturaHasta unos 350 °CDepende del equipo, típicamente 200-300 °C
Compuestos del tabacoSí, en menor cantidad que el humoPrácticamente no
Degradación del líquidoNo aplicaSí, aumenta con potencia y resistencia seca
FormatoStick con final: unos 6 min o 14 caladasSin final, depende de cuándo pares
Consumo medibleContable por sticksDifícil de medir sin contar caladas
OlorTenue, a tabaco tostadoDulce, según el aroma
CosteSticks a precio cercano al tabacoMuy variable según líquido o cápsulas
RegulaciónProducto de tabaco en la mayoría de paísesCategoría propia, cambia rápido
Evidencia como ayuda para dejar de fumarEscasaExiste, con condiciones
Potencial adictivoAltoAlto

¿Cuál engancha más?

Los dos entregan nicotina con un pico rápido en sangre, y ese pico es el mecanismo de la adicción. En ese sentido están empatados.

Donde no están empatados es en el formato, y esto tiene consecuencias prácticas grandes.

Un stick de IQOS se acaba. A los seis minutos o catorce caladas el aparato se apaga y hay una decisión consciente si quieres otro. Igual que un cigarrillo, ese final crea una unidad natural: puedes contar sticks al día y saber exactamente dónde estás.

Un vapeador no se acaba nunca. No hay ninguna señal que te avise de que llevas cuarenta caladas seguidas mientras miras el móvil. Y con las sales de nicotina, que permiten concentraciones altas sin raspar la garganta, desaparecen también las señales físicas que antes te frenaban. El resultado documentado es un consumo mucho más difuso, más continuo y prácticamente invisible para quien lo hace.

Dicho de otro modo: IQOS es más fácil de contar, el vapeo es más fácil de subestimar. Si tu plan pasa por reducir, esa diferencia juega a favor del primero.

¿Cuál es mejor si quiero dejar de fumar?

La respuesta honesta tiene dos partes.

Sobre el vapeo existen ensayos clínicos y revisiones sistemáticas, incluidas revisiones Cochrane, que encuentran cierta eficacia frente a otras ayudas cuando el cambio es completo y hay acompañamiento. Sobre el tabaco calentado esa evidencia es mucho más escasa, y la Organización Mundial de la Salud mantiene que no hay pruebas de que sea menos dañino que el cigarrillo.

Pero hay una condición que se aplica a los dos y que decide todo el resultado: el cambio solo cuenta si es total y si termina en cero. Lo que pasa en la vida real, con muchísima frecuencia, es consumo dual. IQOS o el vapeador dentro de casa, cigarrillos en la terraza del bar o el viernes por la noche. Y el consumo dual no es medio camino: mantienes toda la combustión y le añades el aerosol, con un total de nicotina diaria que casi siempre acaba siendo mayor que antes.

Lo que ninguno de los dos resuelve

Cambiar de aparato no toca la estructura del hábito. El gesto sigue ahí, el momento después de comer sigue ahí, la mano ocupada cuando estás nervioso sigue ahí, y la sensación de que “necesitas” salir un momento sigue ahí. Un dispositivo distinto solo cambia lo que sostienes.

Y hay un efecto secundario compartido: como ninguno de los dos huele a humo, la gente empieza a usarlos dentro de casa, en el coche y en el trabajo, donde antes no fumaba. Las barreras que limitaban el consumo eran físicas y sociales, y los dos aparatos las eliminan. Por eso mucha gente que “consume menos” en realidad consume más, solo que repartido en dosis que no ve.

Comprobarlo cuesta dos minutos y no te compromete a nada: hoy cuenta los sticks o las caladas, sin cambiar nada más ni proponerte reducir. Solo el número. Con ese dato, la conversación deja de ser sobre qué producto es mejor y pasa a ser sobre cuánto consumes tú.

Puff Counter existe para esa parte: registra cada calada o cada stick, saca tu media real y arma desde ahí un límite semanal que baja al ritmo que puedas sostener.

Elijas el aparato que elijas, el número es tuyo. Es lo único que se puede reducir.

Preguntas frecuentes

¿Cuál de los dos es menos dañino, IQOS o el vapeo?

No hay una respuesta limpia, porque no exponen a lo mismo. IQOS aporta compuestos del tabaco que el vapeo no tiene; el vapeo aporta productos de degradación térmica del líquido y de los aromas que IQOS no tiene. Ninguno de los dos tiene datos de enfermedad a largo plazo, y los dos mantienen intacta la dependencia.

¿Cuál engancha más?

Los dos entregan nicotina con un pico rápido en sangre, así que el potencial adictivo es comparable. La diferencia práctica es el formato: un stick de IQOS se acaba en unos seis minutos o catorce caladas, mientras que un vapeador no tiene final y facilita el consumo continuo sin darte cuenta.

¿IQOS huele menos que un vapeador?

Huelen distinto. IQOS deja un olor tenue a tabaco tostado que algunas personas describen como palomitas, y se disipa bastante rápido. El vapeo deja olor dulce a los aromatizantes. Ninguno de los dos deja el olor persistente del humo en la ropa, el pelo y la tapicería.

¿Puedo usar el vapeo o IQOS para dejar de fumar?

Para el vapeo existen ensayos clínicos y revisiones que apoyan cierta eficacia frente a otras ayudas cuando el cambio es total y acompañado. Para el tabaco calentado esa evidencia es mucho más escasa. En ambos casos el cambio solo cuenta como salida si termina en cero, con fecha y con un plan de reducción.