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¿IQOS es menos dañino que el tabaco?

Menos exposición a ciertas sustancias no es menos riesgo demostrado. Qué baja de verdad al pasar del cigarrillo al tabaco calentado y qué sigue igual.

Publicado Actualizado Puff Counter Team 5 min de lectura

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Respuesta rápida

Al no haber combustión, el aerosol de IQOS contiene menos monóxido de carbono y menores niveles de varias sustancias tóxicas del humo. Pero la Organización Mundial de la Salud mantiene que no hay evidencia que demuestre menor riesgo para la salud, y la nicotina y la dependencia son las mismas. Menos exposición no equivale a menos daño probado.

Es la pregunta que más se hace y también la que peor se responde, porque las dos respuestas fáciles son falsas. Ni “es igual de malo, no te engañes” ni “es un 95 % mejor, está demostrado”. La respuesta honesta es más incómoda: el aerosol de IQOS contiene menos cantidad de varias sustancias tóxicas que el humo del cigarrillo, y aun así nadie ha demostrado todavía que eso se traduzca en menos enfermedad.

Vamos a separar esas dos afirmaciones, porque de esa separación depende toda la decisión.

¿Qué baja de verdad sin combustión?

Cuando el tabaco arde por encima de 600 grados se genera humo, y buena parte de lo peor del cigarrillo nace justo ahí. IQOS calienta a un máximo de unos 350 grados, y a esa temperatura el tabaco no arde.

Lo que los análisis, tanto los del fabricante como los de laboratorios independientes, encuentran de forma bastante consistente:

  • El monóxido de carbono cae de forma marcada. Es casi exclusivo de la combustión y es responsable de que a los fumadores les falte el aire al subir escaleras, porque ocupa el sitio del oxígeno en la sangre.
  • Bajan los niveles de varios carbonilos y compuestos orgánicos volátiles que aparecen cuando algo se quema.
  • Bajan las nitrosaminas específicas del tabaco, aunque no desaparecen, porque siguen viniendo de la hoja.
  • Desaparecen la ceniza y la brasa, con todo lo que eso implica en olor y en el entorno.

Nada de esto es marketing. Es medición de laboratorio y está publicado.

¿Por qué eso no significa “menos dañino”?

Porque exposición y riesgo se miden de maneras distintas y en plazos distintos.

La exposición se mide hoy: coges el aerosol, lo analizas, cuentas moléculas. El riesgo se mide siguiendo a decenas de miles de personas durante veinte o treinta años y contando cuántas desarrollan cáncer de pulmón, EPOC o infarto. IQOS se lanzó en 2014. Ese segundo estudio no puede estar terminado, sencillamente porque no ha pasado el tiempo.

Y no es un tecnicismo académico: ya nos pasó antes. Los cigarrillos “light” también reducían medidas de laboratorio, y esa reducción no se tradujo en menos enfermedad porque la gente compensaba, daba caladas más profundas y fumaba más. La historia del tabaco está llena de reducciones de exposición que no redujeron nada.

Por eso la Organización Mundial de la Salud sostiene que los productos de tabaco calentado son productos de tabaco, que su aerosol contiene sustancias tóxicas y cancerígenas, y que no hay evidencia que demuestre que sean menos dañinos que los cigarrillos convencionales. Y por eso, cuando en 2020 la agencia estadounidense del medicamento autorizó comercializar IQOS con información de exposición reducida, rechazó al mismo tiempo autorizar afirmaciones de riesgo reducido para la salud.

Añade dos matices más que se cuentan poco: los análisis independientes no encuentran solo cifras más bajas, también han detectado algunos compuestos en niveles iguales o superiores a los del humo, y buena parte de la evidencia publicada sobre tabaco calentado está financiada por el propio fabricante, algo que las revisiones independientes señalan de forma sistemática.

Comparativa honesta

CigarrilloIQOS
CombustiónSí, por encima de 600 °CNo, calienta hasta unos 350 °C
Nicotina en sangrePico rápido en minutosCurva y pico comparables
DependenciaAltaIgual de alta
Monóxido de carbonoAltoMuy bajo
Tóxicos del humoReferenciaMenores en muchos casos, no en todos
Nitrosaminas del tabacoSí, en menor cantidad
Ceniza, brasa y olorNo hay ceniza; olor mucho más leve
Riesgo a largo plazoDocumentado durante décadasDesconocido, faltan años de datos
Efecto agudo en pulso y tensiónSí, es la nicotina

¿Y la dependencia?

Aquí no hay ninguna ambigüedad y es la parte que más gente ignora al cambiar.

Los estudios farmacocinéticos muestran que la nicotina en sangre sube tras usar un stick con una forma y un pico comparables a los de un cigarrillo. Ese pico rápido es literalmente el mecanismo de la adicción. Cambiar cómo se libera la nicotina no cambia lo que hace cuando llega.

Traducido a tu día a día: seguirás despertándote pensando en el primer stick, seguirás saliendo con el café, y si te lo dejas en casa seguirás dando la vuelta a por él. Ninguna de esas tres cosas mejora con el cambio de aparato. Y hay un efecto que suele empeorarlas: como no hay olor ni ceniza, muchas personas empiezan a usarlo en casa, en el coche y en la oficina, donde antes no fumaban. Las barreras que limitaban tu consumo eran físicas y sociales, y el aparato las quita todas.

Por eso es tan frecuente el consumo dual: IQOS dentro, cigarrillos en la terraza del bar. Y el consumo dual no es medio camino hacia ningún sitio. Mantienes la combustión completa y le sumas el aerosol.

Entonces, ¿me paso o no?

Depende enteramente de para qué.

Tiene sentido si eres fumador, cambias de forma completa y lo usas como escalón con fecha de salida, reduciendo desde ahí hasta cero. Menos combustión durante seis meses de transición es mejor que seis meses más de humo.

No tiene sentido si el cambio es indefinido, si acabas usando los dos, o si empezaste porque parecía la manera de dejar de sentirte mal sin dejar la nicotina. En ese caso no has reducido nada: has cambiado el envase.

La mayoría de la gente que lo deja de verdad lo intentó varias veces antes de que le saliera. Eso no es un fracaso, es la estadística normal de este proceso, y es una buena razón para volver a intentarlo hoy en lugar de en enero.

El primer paso cuesta dos minutos y no te obliga a nada: cuenta cuántos sticks o cuántas caladas hiciste ayer. Nada más. Sin ese número, “creo que consumo menos que antes” es una intuición, y las intuiciones sobre el propio consumo casi siempre se equivocan a la baja.

Puff Counter convierte ese conteo en una cifra diaria y, a partir de tu media real, arma un límite semanal que baja a un ritmo que puedes sostener sin que se te haga imposible.

Antes de decidir si tu producto es mejor o peor, mide cuánto usas. Es la única parte de esta conversación que puedes comprobar tú mismo.

Preguntas frecuentes

¿Qué baja realmente al cambiar de cigarrillos a IQOS?

Lo más consistente es el monóxido de carbono, que es un producto casi exclusivo de la combustión y cae de forma marcada. También bajan los niveles de varios carbonilos y compuestos orgánicos volátiles del humo. Lo que no baja es la nicotina, ni la frecuencia con la que la buscas.

¿Por qué se dice que reducir la exposición no es reducir el riesgo?

Porque son dos cosas medibles distintas. La exposición se mide hoy en un laboratorio analizando el aerosol; el riesgo se mide siguiendo a personas durante décadas y contando enfermedades. IQOS lleva en el mercado desde 2014, así que la segunda medición todavía no existe.

¿La agencia estadounidense del medicamento aprobó IQOS como menos peligroso?

No exactamente. En 2020 autorizó comercializarlo con información de exposición reducida, es decir, indicando que el aerosol contiene niveles menores de ciertas sustancias. Rechazó explícitamente autorizar afirmaciones de riesgo reducido para la salud. Es una distinción legal pequeña en apariencia y enorme en la práctica.

Si fumo, ¿me conviene pasarme a IQOS?

Si el cambio es total y es un escalón hacia dejar la nicotina, tiene sentido reducir la combustión mientras dura la transición. Si acaba en consumo dual o en un uso indefinido, no has reducido nada y probablemente consumas más. La diferencia está en si hay fecha y plan, no en el aparato.